Como dijo Henry Ford: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”.

Es decir, en base a los pensamientos que tenemos y que conforman nuestro diálogo interno, nos condicionaremos física y psicológicamente a la hora de comportarnos y obtener unos resultados determinados.
Si una persona se repite a sí misma en momentos difíciles: “no voy a ser capaz”, “esto es imposible”, “seguro que voy a fallar”; las probabilidades de que obtenga unos resultados alineados con lo que piensa, se multiplican.
Esto nos lleva a pensar, por lo tanto, en el inmenso poder que tiene nuestra mente sobre los resultados que obtenemos. Imaginemos por un momento que en vez de pensar en programas negativos como en el caso del ejemplo anterior, los utilizáramos de manera positiva. ¿Cuál sería el resultado?
Resulta muy interesante hacer una “auditoría” de cuáles son los programas o pensamientos que conforman nuestro diálogo interno. Aquellos que son potenciadores, debemos de mantenerlos. Aquellos que nos limitan, debemos, sencillamente, cambiarlos.
Es muy frecuente, cuando trabajamos con todo tipo de personas e incluso con deportistas, descubrir cómo sus diálogos internos negativos les están limitando a la hora de obtener los resultados que quieren conseguir. Algo contradictorio pero que es real.
Recientemente he trabajado con un atleta que conseguía las mejores marcas durante los entrenamientos. Sin embargo cuando llegaba el momento de competir, se venía abajo, y de estar en primera posición en la carrera de 400 m. lisos, de repente, sus músculos se empezaban a agarrotar y perdía posiciones llegando el último en la competición.
Físicamente estaba en forma, sin embargo, algo ocurría, dentro de su mente y relacionado con su diálogo interno, que le predisponía a bloquearse y perder la carrera.
Tras una reconstrucción mental de todo el proceso antes, durante y después de la competición, detectamos que el deportista se mandaba mensajes derrotistas en el momento en que alguien le adelantaba durante la carrera. Estos mensajes mandaban un mensaje a su cuerpo y, sin él ser consciente de ello, comenzaba a perder velocidad. Tras varias sesiones en las que se trabajó la sustitución de esos mensajes derrotistas por otros mucho más positivos: “voy bien”, “no pasa nada”, “estoy llevando el ritmo adecuado”, etc., el deportista empezó a conseguir mejores posiciones en las competiciones.
No es una tarea sencilla ya que los pensamientos (programas) que conforman nuestro diálogo interno están asentados de tal manera que salen de manera automática. Sin embargo, siendo conscientes de esos diálogos internos limitantes y empezando a sustituirlos, de manera forzada al principio, por nuevos pensamientos potenciadores, llega un momento en el que, de manera natural, empiezan a formar parte de nosotros.

Coach y Especialista en Inteligencia Emocional Colaboradora de Euroforum